Guía visual paso a paso: cómo abrir la cabeza, extraer la carne blanca, aprovechar el coral y preparar el jugo tradicional gallego. Cinco herramientas, quince minutos y hasta 250 g de carne por bicho.
Un centollo mal comido deja el 40% de su carne dentro. Uno bien comido deja el caparazón limpio, el jugo aprovechado y la mesa satisfecha.
El centollo es un Maja squinado, la joya del marisco atlántico gallego. Un ejemplar de 1 kg tiene aproximadamente 200-250 g de carne aprovechable repartida en cinco partes distintas: las pinzas, las patas, el cuerpo, el coral y las bolsas laterales. Cada una con su textura y su sabor.
La técnica no es rápida ni impaciente. En una comida gallega tradicional, el centollo se abre en la mesa, se come pausado y se termina con el jugo — coral mezclado con Albariño frío. Este es el ritual completo.

Antes de tocar el centollo con el cuchillo, hay que saber qué contiene por dentro. Éstas son las cinco zonas comestibles, ordenadas por facilidad de extracción.

Con estas cinco herramientas se saca el 100% de la carne. Sin ellas, con manos y dientes, se aprovecha el 70%. La elección es tuya.
Para cortar patas y bordes del cuerpo. Cuanto más fuerte, mejor.
Para romper las pinzas sin pulverizar la carne interior.
Para sacar carne de las patas y de los rincones del cuerpo.
Para retirar el opérculo y limpiar el interior con precisión.
Fino y largo. Para recoger la carne extraída sin apretarla.
Antes de abrirlo en tu mesa, el centollo ha pasado por las nasas de la Costa da Morte, la lonja de Fisterra y el cocedero de la marisquería. Este vídeo muestra el origen del bicho que estás a punto de comer.
Del centollo entero al caparazón vacío. Cada paso con imagen, texto y consejo del gallego que lo ha hecho mil veces.

Sobre la fuente, con la barriga hacia arriba. Retira el opérculo triangular llamado plastrón. En el macho es estrecho y puntiagudo; en la hembra ancho y redondeado.

Coge el centollo firmemente por los lados. Tira del caparazón hacia arriba con las dos manos. Se separa con un chasquido revelando el interior naranja.

Las branquias son las estructuras esponjosas grises o amarillas alineadas a los lados del cuerpo. No son comestibles. Retíralas con los dedos y descarta.

El coral es la masa naranja o rojiza que queda dentro del caparazón. Es el ingrediente estrella. Recógelo con una cuchara pequeña y guárdalo en un bol aparte. Lo usarás al final para el jugo.

Retuerce cada pata en su unión con el cuerpo, con un movimiento circular firme. Salen enteras con un tirón. Deja las pinzas para el final: llevan la carne más apreciada.

Corta el cuerpo en dos con la tijera. Con la aguja o palillo, saca las bolsas de carne blanca alojadas entre los cartílagos. Es carne aromática y suelta, distinta a la de las patas.

Golpe seco y controlado con el mazo o cascanueces en el punto medio de cada pinza. Se rompe la cáscara sin destrozar la carne interior. Extrae la carne firme en trozos grandes.

Corta cada segmento de pata con la tijera y saca la carne empujándola con la aguja o el palillo. Trabajo minucioso pero recompensa: 60-70 g de carne blanca fibrosa por bicho.

Mezcla todo el coral con un chorrito generoso de Albariño frío o Jerez seco. Añade unas gotas de limón y una pizca de sal marina. Remueve suave con una cuchara. Este es el remate del ritual.

Rellena el caparazón limpio con la carne extraída del cuerpo, las pinzas y las patas. Decora con el coral por encima y sirve inmediatamente. Ésta es la presentación tradicional gallega, lista para comer con cuchara.

En Galicia y en la costa cantábrica, el coral del centollo se considera la parte más valiosa. En la hembra son los ovarios cargados de huevos; en el macho, el hepatopáncreas, órgano parecido al hígado. Ambos concentran grasa noble, aroma marino y umami puro.
El ritual tradicional es prepararlo como "jugo del centollo": el coral se mezcla en el propio caparazón con un chorro de Albariño de crianza o Jerez seco, un toque de limón y sal marina. Se remueve con la cuchara y se toma directamente con ella, como broche final de la mariscada.
Se pierde todo el jugo natural. Siempre boca arriba (barriga hacia ti) para retener el líquido dentro del caparazón.
Las láminas grises o amarillas laterales del cuerpo no se comen. Retirar antes de tocar la carne. Textura fibrosa y desagradable.
Golpe fuerte y descontrolado convierte la carne en migas mezcladas con cáscara. Un solo golpe seco en el punto medio, lado plano.
El error más caro. Es la parte más valorada. Rasparlo TODO del caparazón, incluidas las paredes.
Un centollo pide 15-20 minutos de pausa. Con prisa se pierde carne. Sin prisa, se aprovecha todo.
Recalentado queda gomoso, la carne se seca. Se come templado o frío. Nunca al microondas.
Con cuchillo se rompe la cáscara en pedazos que caen sobre la carne. La tijera corta limpio y no contamina.
Hervido 25 minutos con laurel y cebolla, el caparazón da un fumet de lujo para arroz o sopa al día siguiente.
De la lonja gallega al plato: escenas reales del centollo desde la nasa a la mesa. Pulsa cualquier imagen para ampliarla.
El animal vivo
Costa da Morte
Izando la nasa
Lonja de Fisterra
Subasta
Txangurro
Empanada
Arroz de centolloEntre 200 y 250 gramos de carne comestible. Aproximadamente 60-70 g en las pinzas, 60-70 g en las patas, 60-80 g en el cuerpo y 30-50 g de coral en el caparazón.
Depende del gusto. Las pinzas dan la carne más firme y dulce. El coral (masa naranja del caparazón) es lo más aromático e intenso. La carne del cuerpo es suelta y sabrosa. Todo es valioso.
Sí, se usan indistintamente. "Centollo" es el término genérico y masculino gramatical; "centolla" se usa a menudo para la hembra o simplemente como sinónimo, especialmente en Galicia y en gastronomía tradicional.
Mira el opérculo triangular en la barriga. En el macho es estrecho y puntiagudo. En la hembra es ancho y redondeado. La hembra suele tener más coral, sobre todo en temporada de puesta.
Depende de qué buscas. La hembra tiene más coral y un sabor más intenso, ideal para jugo y txangurro. El macho suele tener pinzas más grandes con carne más firme y dulce. Los conocedores prefieren la hembra en temporada de coral (otoño-invierno).
Un centollo de 800 g - 1 kg alimenta perfectamente a dos personas. Para cuatro, mejor dos centollos de 700-800 g cada uno que uno enorme de 1,5 kg (proporción coral/carne mejor en tamaño medio).
Distintas especies. El centollo (Maja squinado) tiene caparazón triangular, patas largas y espinas visibles; su carne es más fina y aromática. El buey de mar (Cancer pagurus) es más grande, pinzas más gordas, carne más abundante pero menos delicada.
Cinco básicas: tijera de marisco, pinza cascanueces o mazo pequeño, aguja o palillo largo para extraer, cuchillo pequeño y tenedor de marisco. Con estas cinco se saca hasta la última fibra.
Sí, con manos y dientes se puede aprovechar el 70%. Las patas se rompen a la altura de las articulaciones. Las pinzas contra una superficie dura. El cuerpo se abre con los dedos. Solo se pierde algo de la carne más fina.
Entre 15 y 25 minutos por bicho, sin prisa. El primer centollo tarda más porque estás aprendiendo. A partir del tercero ya es fluido: tijera, mazo, aguja, jugo.
El cascanueces da golpe más controlado y menos ruido en mesa. El mazo (o simplemente el mango de un cuchillo grueso) es más eficaz con pinzas muy duras. Ambos válidos: elige lo que tengas y practica.
Envuelve la pinza en una servilleta o paño antes de golpear. Retiene los fragmentos que puedan saltar y protege la mesa. Truco que usan todos los camareros de marisquería.
Orden clásico gallego: 1) coral con cuchara, 2) cuerpo con la aguja, 3) patas de la más fina a la más gruesa, 4) pinzas (lo mejor para el final), 5) jugo del caparazón. Deja siempre el mejor bocado para el remate.
Sí, es la parte más apreciada. Es la hueva de la hembra o el hígado del macho. Se come tal cual con cuchara, se mezcla con vino y limón para hacer jugo, o se usa para preparar el clásico txangurro donostiarra.
Se mezcla todo el coral naranja del caparazón con un chorrito generoso de Albariño frío o Jerez seco. Un toque de limón, una pizca de sal marina. Se remueve suave. Se come con cuchara al final, como remate.
Tradicionalmente Albariño de crianza (Rías Baixas), Godello del Bierzo o un Jerez seco (Fino o Manzanilla). El vino tiene que estar frío. Evita blancos muy jóvenes o afrutados: buscas mineralidad y estructura.
En la hembra sí: el coral naranja intenso son huevas cargadas. En el macho lo que se llama "coral" es el hepatopáncreas, órgano parecido al hígado, con color menos vivo pero sabor igualmente rico. Ambos deliciosos.
De octubre a diciembre en las hembras, coincidiendo con la puesta. Enero y febrero también dan buenos ejemplares. En verano (junio-agosto) el coral es escaso y el bicho vale menos. La veda gallega respeta los meses de puesta.
El centollo siempre se sirve cocido, por lo que su coral también está cocido. Nunca se come el centollo crudo. Diferente de la anfitrionada japonesa, donde algunos crustáceos se toman en sashimi bajo estrictas normas de frescura.
No. Son las estructuras esponjosas grises o amarillas a los lados del cuerpo. Su función es respiratoria y su textura no es agradable. Retirar siempre antes de comer.
Recién cocido, ideal para comer en las siguientes 2-3 horas. En nevera bien tapado aguanta hasta 24 horas, aunque la textura pierde algo. Nunca recalentar, siempre servir templado o frío.
Es la presentación tradicional gallega. Se limpia toda la carne del centollo y se coloca dentro del caparazón vacío, decorando con el coral por encima. Se sirve como plato principal, listo para comer con cuchara.
Preparación vasca del centollo cocido: la carne desmigada se saltea con cebolla, tomate, brandy y pan rallado; se rellena el caparazón y se gratina al horno. Presentación tradicional de la costa vasca y cántabra.
Sí, y es un descarte de lujo. El caparazón, las patas vacías y los restos hervidos 25 minutos con agua, cebolla, laurel y una copa de blanco dan un fumet excelente para arroz, sopa o croquetas.
Sí, extraída y envasada al vacío aguanta 3 meses en congelador. Descongelar en nevera 24 h. Ideal para arroces, empanadas o croquetas. El coral no conviene congelar: pierde textura y aroma.
Oficial de octubre a mayo (veda del 1 de junio al 30 de septiembre en Galicia). Meses óptimos: noviembre a febrero, con más coral y mejor precio. Fuera de temporada solo hay ejemplares congelados.
Peso alto en la mano (llenos son pesados, vacíos ligeros). Patas y pinzas firmes y móviles. Debe mostrar reactividad al tocarlo. Rechaza los que estén flácidos o con caparazón hueco al golpearlo.
En temporada (nov-feb) entre 35-55 €/kg en pescadería. Ejemplares de 1-1,2 kg de la Costa da Morte pueden alcanzar 65-90 €/kg. En Navidad los precios se disparan entre un 40 y 80%.
El gallego (Rías Baixas, Costa da Morte, A Guarda) tiene fama merecida por sabor más intenso y coral más rico. El del Cantábrico (Asturias, País Vasco) es también excelente. El mediterráneo suele ser algo más pequeño y menos aromático.
Albariño con crianza sobre lías es la elección clásica. Godello del Bierzo como alternativa con más cuerpo. Chablis Premier Cru para los sibaritas. Siempre frío, 8-10 °C. Más en la guía completa de maridaje.
Tres centollos de 900 g – 1 kg (medio centollo por persona) como plato principal. Cuatro si es el único plato del menú. Si hay más marisco variado (percebes, gambas), basta con dos centollos.
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